La casilla en blanco — un relato breve de octubre
Un hueco pequeño para dos personasEste es un relato de ficción original, no una experiencia real. Una tarde de octubre, un crucigrama sin terminar cambia la conversación entre dos vecinos. No hace falta resolverlo para llegar al final.
Paso 1
La palabra que faltaba
Inés llevaba tres días con una casilla vacía. El crucigrama estaba sobre la mesa, junto al mando y una carta que ya había contestado. Cada vez que pasaba, miraba el hueco como si pudiera llenarse por aburrimiento.
Paso 2
Una pregunta en el ascensor
Su vecino le preguntó si sabía dónde habían dejado un paquete. Inés no lo sabía. Después, sin pensarlo mucho, le preguntó si se le daban bien los crucigramas. Él dijo que solo cuando otra persona ya había hecho casi todo.
Paso 3
Dos respuestas equivocadas
Subieron a mirar la casilla. Propusieron dos palabras que no cabían y una tercera que ninguno estaba seguro de que existiera. La tarde, que había empezado con una tarea pendiente, se convirtió durante un rato en una conversación sin prisa.
Paso 4
La solución estaba detrás
Al darle la vuelta al periódico encontraron la respuesta impresa. No era ninguna de las suyas. Inés sintió una pequeña decepción, pero el vecino señaló otra página: había un dibujo donde encontrar diferencias. Esta vez decidieron no mirar el reverso.
Paso 5
El hueco que se quedó
Inés no rellenó la última casilla. Dejó el lápiz encima y apuntó al margen una hora para el domingo. El crucigrama seguía sin terminar, aunque ya no parecía una tarea esperando a que alguien la resolviera.
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